Vamos a una rápida escapada de fin de semana, a presenciar la primera edición del Festival Disonante, y tras solo un par de horas observamos a la lejanía el lago y el escenario, justo a tiempo para ver a Siddharta.

Siento que la camioneta se detiene y levanto mi mirada para ver la ventana, veo que estamos a punto de llegar a una caseta y me pregunto cuánto falta para llegar a la Arena Teques.

Vamos como siguiendo el atardecer a través de la carretera y la calidez del ambiente es agradable después del frío invernal de la capital. Abro google maps y veo que solo nos faltan 20 minutos para llegar al Lago de Tequesquitengo.

Vamos a una rápida escapada de fin de semana, a presenciar la primera edición del Festival Disonante, y tras solo un par de horas observamos a la lejanía el lago y el escenario, justo a tiempo para ver a Siddharta.

Sin dudas el show de Siddharta es uno de los conciertos con más buena ondita que se puedan presenciar. Se proyectan en las pantallas imágenes que nos sumergen en un estado de tranquilidad y bienestar acompañadas de su armónica voz y su guitarra. La gente corea fuertemente sus canciones, no las desconocen, se las apropian o por lo menos las piden prestadas por una velada. Oficialmente es de noche, y Siddharta se ha encargado de empapar de color la oscuridad.

Por eso de las 7 de la noche observó que comienza a llegar más gente, creo que los que venimos de la capital llegamos desde más temprano.

Parecería que la Arena Teques es un punto un poco perdido en el mapa. A solo un par de horas de la capital podríamos verlo como un punto intermedio entre Ciudad de México y Acapulco que se vuelve visible gracias a que colinda con el Lago de Tequesquitengo.

El destino hace que valga la pena el recorrido cuando sentimos el cálido clima y presenciamos la vista panorámica hacia el lago y la música se vuelve la protagonista de la noche.

Cuando Enjambre sale al escenario vuelven a mi mente las líricas de corazones rotos engalanadas con tonos más alegres. Desde (discos hasta…) han sabido mantener su esencia la cual mantiene fieles a sus fans, tanto así como para viajar a donde haga falta con tal de escuchar.

Han pasado más de 40 minutos y los de Kinky van retrasados. Alcanzamos a ver a la lejanía que el escenario se llena con una serie de pantallas y cubos enormes, no sabemos exactamente que van a hacer o para que sirven, pero seguramente todo se convertirá en una locura.

No es la primera vez que me toca verlos, de hecho creo que he perdido la cuenta de cuantos shows de los Kinky he presenciado, y no, no me considero una gran fanática de la banda pero sé que si alguien sabe cómo armar una fiesta son ellos.

Cuando comienza la presentación las pantallas se iluminan con visuales alucinantes, pasan tantas cosas en la escena que es imposible mantenerse estático. Kinky siempre es garantía para un festival, saben llevar a su público al climax de la noche con presentaciones memorables entre acordeones, explosiones visuales y trompetas.

Fobia es una banda que no necesita presentación. Treinta años de trayectoria no se dicen fácil y es de esperar que la gente se quede hasta el final para ver a los veteranos de la noche.

Contemplamos momentos tranquilos, otros más acelerados pero definitivamente los más memorables se dieron cuando Leonardo anunciaba “ahora vamos a regresarnos un poco…”. Microbito, Hoy tengo miedo y El Diablo son algunas de las canciones que no podían faltar. Fobia supo hacer una retrospectiva justa desde su primer álbum homónimo (1990) hasta Destruye Hogares (2012).

La noche llega a su fin y todavía nos espera un largo trayecto a casa. Todavía no logramos percibir el frío gracias al cálido ambiente que rodea el lago. Nos despedimos de Tequesquitengo esperando poder escapar pronto de la ciudad para volver, para relajarnos con cualquier concierto y sentarnos a la orilla del lago a escuchar música hasta el amanecer.