Pirámides es una banda de Monterrey, quienes lanzaron recientemente su álbum debut Llovizna. 

pirámidesEste disco se convierte en un deleite para cualquier amante de la psicodelia y ritmos alucinantes, es un gran orgullo que agrupaciones en México demuestren pueden contar con un repertorio de canciones dignas de repetir por más de una ocasión, así como recomendar a muchos más, todo lo anterior, por dos simples factores: el gran involucramiento musical y la pura creatividad.

La banda está conformada por: Alejandro Palacios, Ricardo Antúnez, Jorge Rehlaender, Andrés Ponce y Patricio Coronado. Todos son un solo personaje llamado Pirámides y que con Llovizna demuestran el alto impacto que provoca juntar a tanta creatividad e ingenio para crear un disco lleno de matices difíciles de encontrar en cualquier agrupación mexicana que se crea digna de apostar por un proyecto con un concepto radical en español.

Los tintes de psicodelia, folk, pop y afro ritmos hacen al oído sentirse en un retardo aparente por descifrar nuevas intenciones que el siguiente track tendrá. Todo este enredo comienza con Las Plantas que Dios no plantó, un interesante y atractivo piano hacen que la entrada del presente disco se vuelva un parámetro sobre la interesante propuesta que Pirámides tiene para nosotros. Sin duda esta apertura permite obtener un contexto del gran genio creativo que nos debe esperar.

Aire es otra gran canción con la que el nombre a la agrupación se hace referencia en frases como “Los Dioses duermen en Pirámides” y la más sobresaliente a mí parecer “Ay mi amor que tú me ahuyentas la vejez”, quién no tiene a alguien o algo que le hace sentirse joven, que se vuelve en ese benefactor que transmite pureza que a su vez se vuelve en juventud pura, es Pirámides ese satisfactor que llena al corazón.

El Jardín utiliza la guitarra acústica y eléctrica para crear entornos psicodélicos que permite visualizar como ellos se unen para crear un solo movimiento. Son parámetros de ausencia y necesidad que crean un subconsciente paralelo digno de recordar canciones de la vieja escuela del Rock. Es esta canción una con una tonalidad tan larga que no guarda ningún secreto a voces.

No me tocó pisar el pasto, con frases como “Me pesa, me parte en dos” es más tranquila, sin embargo, no es menos rítmica ni deja de ser una buena melodía. Deja a la imaginación el uso del teclado para volverse el habla de la canción, en general, es un ritmo que toma vida y genera la lírica marcada por un instrumento musical.

Con Ojalá que hubiera huellas, tenemos la canción que transmite ese sentimiento que se añora, el que sueña con esperanza y en cierto momento es algo difícil de encontrar. Un grito que repite ¿Dónde estás?, vuelve más agobiante el momento. Una trompeta es el grito de necesidad, un elemento básico de canciones muy al estilo de Idioteque de Radiohead, que son simple locura, nada más.

Un nombre como Mara se hace resaltar y presenta guitarras llenas de puro Rock. Los afro ritmos son muy notables en esta canción, estos le dan un parámetro de un sonido experimental, en cierta manera, hasta tribal. “Voy a volar, desintegrar…mi atadura terrenal”

Prisas es el track que presenta a las colaboraciones que Llovizna hizo presentes (Adrián Cantú en percusiones y Daniel Ortiz en Didgeridoo), por lo tanto se convierte en la canción que considero es la mejor instrumentada, sin duda los arreglos y participación de cada integrante juega un papel radical para crecer un sonido lleno de sonidos. “Un día más con prisas, no puedo hacer lo que amo”, esa y otras cuestiones abordan y son sentimiento de realidad de nuestros días, día a día, son.

Es La Máquina, la melancolía que en esa voz y un inicio muy representativo se vuelven los distintivos de esta canción. “Perder la conciencia, no es ninguna conciencia”. Las percusiones y cómo interactúan con la canción vuelven ese sentimiento, uno que, encuentra más motivos para perderse en su sonido.

Redácida y Alturas son un cierre de un viaje lleno de matices en el sonido y combinaciones que pocas agrupaciones en México hoy día se atreven a involucrar.

Todo se convierte en un juego entre voces e instrumentos, las letras son una apuesta de la invención y conjugación de ideas. Quien no apuesta por bandas como Pirámides que tiene un enorme potencial, sin duda, pierden su tiempo.

La música en nuestro idioma busca nuevas oportunidades, Llovizna de Pirámides, es el reflejo del trabajo creativo que comienza a resurgir en bandas mexicanas. Lo único que deseo para ellos: Que su legado sea escuchado a nivel mundial. He dicho.

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Llovizna - Pirámides
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