Dicen que hacer reír es cosa seria y la comedia es un género que se debe hacer en serio. Al igual que la aseveración de esta paradoja, la comedia también actúa como un reflejo social de una realidad que si se analiza, se vuelve un auténtico quita risas.

Existe mucho público que se queja de las temáticas crudas y duras con las que las películas de autor (mal llamadas películas de arte) retratan a México y por ello justifican la preferencia por ir a ver comedias mexicanas para escapar de esos problemas; lo cual resulta paradójico, pues muchos de los conflictos nacionales están impregnados en la esencia de la gran mayoría de estas películas, aparentemente inofensivas.

En ¿Qué culpa tiene el niño? nos presentan a Maru (Karla Souza), una mujer de 26 años de fuerte temperamento, atractiva, de alta posición económica (es hija de un diputado) y una tendencia elitista muy marcada. Por una mala broma del destino, Maru conoce en una boda a Renato (Ricardo Abarca), un NiNi (ni estudia ni trabaja) de apenas 21 años que aún vive con su exótica madre. Sin tener nada en común y por efectos de una borrachera, Maru termina besándose con Renato (a quien antes le hacía el feo por ser naco) y todo termina en una noche de pasión; misma de la que Maru a la mañana siguiente, no recuerda nada. Semanas más tarde, Maru se entera que está embarazada y decide buscar a Renato para solucionar el caso, pero sobre todo, dejarle muy en claro que ambos no tendrán nada que ver, pues ella nunca terminaría con un tipo como él.

Si la anterior reseña te pareció muy familiar, es por que no es mera coincidencia. ¿Qué culpa tiene el niño? parece estar basada (elegante manera de llamarle a la copia) en las premisas de películas diametralmente opuestas como lo son El Inocente de 1955 (protagonizada por Pedro Infante y Silvia Pinal) y Knocked Up del 2007 (dirigida por Jud Appatow y protagonizada por Seth Rogen), rematada con un toque de comedia mexicana. Gracias a eso, la verdad es que la película funciona; hace reír al público, tiene 5 minutos de emoción que hacen lagrimear a más de uno y tiene un final satisfactorio para el que busca la perfección que no hay en la vida real.

Sin embargo, es curioso como el espectador que elige ver esta comedia, buscando alejarse de los problemas de nuestra sociedad mexicana, se tope con ellos sin darse cuenta, pues se disfrazan con la tela del humor mexicano, ese que ha vendido millones de pesos con películas como Nosotros los nobles o que ha tenido tanto éxito en la televisión nacional y en la moda revestida del Stand Up. Ese exitoso humor se basa en lo que curiosamente es uno de los grandes problemas del país: el clasismo. 

La discrepancia de las clases sociales ni es exclusivo de México, ni es nada nuevo en el país; no obstante, ¿Que culpa tiene el niño? acude a la fórmula de ridiculizar dichas brechas sociales, para armar un viciado cuento de hadas, en el que ambas clases pueden tener un final feliz, siempre y cuando los pobres sean simpáticos, guapos y de cuerpo marcado, y donde, por supuesto, el personaje con la clase social más elevada es el que decide todo.

¿Nos seguimos riendo del elitismo propio de cada día por qué es el contenido que nos siguen ofreciendo? o ¿nos siguen ofreciendo ese contenido por que el elitismo nos sigue pareciendo gracioso? Y no me malinterpretes, no me estoy poniendo moralista, simplemente me sigue pareciendo increíble que las películas mexicanas más vistas en cine, sean comedias que siguen sangrando dicha problemática social para ocultar sus carencias cinematográficas y hacer reír para vender muchos boletos.

Las carencias de esta película son muchas y son una verdadera falta de respeto al público. Parece increíble que se sigan haciendo películas con la misma fórmula con la que se hace televisión: iluminación muy dura que no concuerda con la luz que pide el ambiente, la música mutilada y utilizada en fragmentos para presentar gags, momentos o personajes (al estilo del programa Sabadazo) y una edición terrible, donde los flashbacks son repetidos hasta estorbar, las secuencias de comedia se cortan antes de llegar al remate y las transiciones para determinar tiempo y lugar son dignas de telenovela de Televisa.

Las secuencia mejor lograda es la reproducción del video que graban Renato y Maru para el niño (que por cierto graban en súper 8 y lo terminan editando en un programa de computadora…¡estaba cabrón el chavo!, ¿por qué no se dedicó a eso?) y una escena en silencio entre los mismos protagonistas en un sillón, luego de la propuesta del pacto de matrimonio (Karla Souza en plan grande). Pero, ¿para eso hacen gastar más de cien pesos al espectador en un boleto?

El rubro que hace salir a flote a ¿Qué culpa tiene el niño? sin duda son sus actores: Karla Souza (quien además coproduce esta película) sabe perfecto lo que los mexicanos queremos (o al menos los mexicanos que han consumido la formulita antes) por lo que luce sus grandes cualidades como actriz llevando de la comedia al drama en los momentos justos de la historia. Pero la que se lleva la película es Mara Escalante como la madre de Renato. Gran elección de cast, en gran medida, gracias a que ha dedicado gran parte de su carrera a caricaturizar a la clase media-baja mexicana, justo lo que esta película necesitaba.

¿Qué culpa tiene Karla Souza de regresar a hacer cine en México e invertir en una fórmula que sabía iba a vender millones de pesos?, ¿qué culpa tiene el cine mexicano de hacer películas de poca calidad y que se burlen de la poca tolerancia que tenemos entre nosotros mismos como sociedad, si lo que importa es que hagan reír? ¿Qué culpa tiene el espectador de que le sigan dando risa las películas con groserías y donde se tacha de naco a las personas de bajos recursos o distinta idiosincracia? ¿Qué culpa tiene el niño?