Por Rodrigo Medina
Defender lo indefendible solamente lo hacen los grandes porque saben que tienen el poder para hacerlo, aún así hasta Metallica se encuentra muchas veces sin palabras con las cuales justificar el St. Anger.
“Para mí, St. Anger fue un experimento aislado. De vez en cuando nos ha dado por hacer cosas jodidamente fuera de los límites” dice Lars Ulrich, lo cierto es que, en el fondo, Metallica hizo este disco como una venganza contra todos sus detractores por las críticas recibidas al publicar Load y Re-Load; “nos vendimos? nos volvimos light? quieren rudeza? ¡pues ahí les va!”. El problema es que el cambio resultó demasiado abrupto, casi un berrinche.
Para empezar, el contexto del grupo no era el más adecuando en ese tiempo; poco antes de comenzar la grabación, Jason Newsted deja Metallica cansado de ser un simple bajista con apenas poder de decisión en las composiciones. Debido al ambiente tenso y raro que dejaba enfrentamientos entre los componentes del grupo, se contrató a un psicólogo para tratar de calmar los ánimos, además de filmar el proceso de grabación a modo de documental que exorcizara los demonios internos y así renacer como un grupo mejor, el resultado: “Some Kind Of Monster”, que reflejaba la comprometida situación por la que estaban pasando (de hecho la mayoría de las letras retratan esta circunstancia).
Metallica quería plasmar musicalmente su estado anímico personal y optaron por la crudeza total, sin producción que adulterara lo explícito de su contexto, dando como resultado un disco de sonido básico, despojado de cualquier tecnicismo, como si se tratara de un grupo que comienza su carrera tocando en un garage. La diferencia es que se trataba de una banda de relevancia mundial y eso tuvo sus consecuencias de cara al público, que ya se encontraba resentido y dudoso por el rumbo que había tomado su carrera musical.
La principal característica del St. Anger (y que a todos fue lo que más nos saltó), además de la aspereza que se escucha, es la ausencia total de solos y el nefasto sonido de la batería (capricho de Lars, que no debería sorprender ya).
Uno no puede dejar de pensar en cómo hubiera sonado St. Anger con la producción adecuada, tal vez en unos años con la edición de alguna caja re-re-remasterizada podamos escuchar un St. Anger pulido, o Metallica se meta de nuevo al estudio a regrabar el disco habiendo aprendido de su error, pero dejemos de especular; el disco es lo que es y su contenido no se puede cambiar.
A pesar de lo negativo que uno pueda encontrar, las canciones siguen teniendo ese “feeling” que sólo Metallica sabe imprimir; canciones representativas (tal vez clásicas ya) como “Frantic” y “Some Kind Of Monster”, las potentes “Dirty Window” y “My World”, que resultan de lo más interesante del disco, con dinámicas que tiene un gancho a pesar de estar impregnada de una hostil estructura de riffs vigorosos, voces atractivas y una batería que mantiene su burda presencia.
“Shoot Me Again” por su parte, aunque pegajosa, tiene ese acercamiento al Nu Metal que tanto desagradó (después de escuchar a James tratando de rapear), sin duda de lo más criticado del disco.
Quizá, el St. Anger no pueda calificarse como mejor o peor, no todo es blanco o negro, lo cierto es que circula por una atmósfera de grises en la que es difícil descubrir los pocos destellos de brillantez que contiene. Hay que tomarlo como lo que es; un experimento que pudo fluir de otra manera, pero que igual se deja escuchar si dejamos de lado los prejuicios.
A pesar de lo que diga Lars, en una hipotética lista de los álbumes favoritos de Metallica, para muchos fans, St. Anger ocuparía el último lugar.
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